11.4.05

Maldito cuento de hadas

Creo que a muchas mujeres nos vendieron el cuento de que si existía tal cosa como "príncipe azul" (MR) y que tenía una serie de cualidades mágicas sine qua non. Como si de fábrica viniera no sólo el caballo blanco, sino que sea amable, respetuoso, trabajador, guapo, que te adore, que te entienda, que te cuide y te proteja y te desee y te impulse y te acompañe... La lista es laaaaaarga.

En ese contexto esperar que además sea telepático hasta parece poco.

Creo que en el nuevo milenio, la función reproductiva de una pareja dejó de tener la prioridad que tuvo durante siglos. Ya terminamos de poblar el mundo, el día de hoy el tener hijos es una elección más de una serie de opciones muy variadas. Así que tienes la oportunidad de concentrate mucho más en las cualidades que esperas de una pareja, no sólo que sea un buen papá y proveedor, sino que cumpla un rol mucho más intenso en la relación horizontal -- hombre-mujer-- contra la relación vertical -- hombre-hijos, mujer-hijos---.

En este asunto de la relación horizontal supones que la pareja tiene un peso mucho más importante y por ello las cualidades deseables en una persona con la que convives mucho es una lista mucho más larga y mucho más precisa.

Verde decía en el post anterior que el lenguaje es una herramienta bien útil que permite evitar malentendidos y maloshumores con el simple ejercicio de la comunicación. La cosa es que la comunicación es chistosa:

Él: ¿quieres un refresco, mi amor?
Ella: Si, porfa
Él: De dieta ¿verdad?
Ella: ¿Me estás diciendo gorda?
--- ojo, no importa que ella siempre lo pide así---

Él: ¿Quieres salir a cenar en lugar de comer en la casa hoy?
Ella: ¿Me estás diciendo que no te gusta como cocino?

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No sé, no sé, no sé de dónde salen esas respuestas. Sólo sé que son prácticamente universales en las relaciones.

Entonces, ¿qué es lo que sucede? Durante años te alimentan de un cuento. Luego te avientan al mundo real y ves que la verdad la cosa no es así, innevitable decepción. De ahi en adelante tienes que ir sorteando el camino resbaloso entre la expectativa (aprendida) y la experiencia (conocida). O sea, rapidito llegas a darte cuenta que una relación no se da así por arte de magia y que el hombre no es la llave de la puerta a todas las respuestas y la felicidad eterna.

Es como si constantemente caminaras en un río, en una orilla está la razón, en la otra orilla está la emoción -- pero la absurda-- la del cuento de hadas. Así que ahi vamos medio caminando por el río, medio saltando de una orilla a otra. Aquí el chiste es ver qué tan lejos está una orilla de otra para hacerte el tramo menos cansado.

Claro que siendo mujeres seguro esperas que en lugar de que te toque nadar por el río hasta que encuentres tu camino certero, llegue un hombre con una lanchita y te trepe y se acabe el lío.

Pero bueno, en la esperanza de que este ejercicio de diálogo acerque mejor los diversos significados del lenguaje masculino contra el femenino, me uno al movimiento de los que proponemos que siempre es mejor decirlo que callarlo.




4 comments:

Nancy Karina said...

TODO LO QUE ESCRIBES ME GUSTA MUCHO...

POR QUE NO ESCRIBISTE ESTO HACE UN AÑO O 2??? ME HUBIERA SERVIDO...

Bombon said...

La historieta del Principe Azul se empeora aun mas en esta generación en que las mujeres tomamos un rol mucho mas activo profesionalmente y personalmente independiente y por esa razon también dejamos o damos por un hecho de que nuestras parejas asumiran de la misma manera ese rol y te das cuenta que no es así, que esta es la generación del cambio y la estamos padeciendo muchas parejas, es un cambio muy fuerte que puede durar varias generaciones hasta que las mujeres empecemos a educar a los hijos de manera diferente...

grace said...

linda conclusión, aunque a veces complicada para las veces que actuamos infantilmente esperando que el hombre asea adivino

Armando said...

No es cierto, no son universales. Esas conversaciones no son universales. Esas conversaciones no son universales. Esas conversaciones no son universales.

No, no me canso de repetirlo y podría repetirlo durante siglos. Creo que es culpa del individuo dejarse entrampar en esas conversaciones. Todos tenemos el suficiente sentido común para detectar esa situación y ponerle un alto desde la primera vez. Claro que si se dejan pasar dos o tres veces es mucho más dificil detenerlo después.

La magia de detener eso a tiempo es que, con el tiempo, los dos se vuelven adivinos del otro. Me consta, yo lo vivo todos los días...